Mi Amado Señor, que agradecido me siento al haber iniciado, por tu divina Gracia, esta primer semana del nuevo año con tu presencia
permanente en espíritu, por brindarme tanto amor y tanta misericordia sin mirar mis faltas y tropiezos, sin esperar nada a cambio y concediéndome el poder caminar a tu lado como familia fraterna, como peregrino y discipulo y responder con un sí permanente a tu llamado donde la esperanza y la fe son los fundamentos para hallar en Ti la gracia y los dones que derramas.
Amado Señor, que tu compañía en cada noche se transforme en serenidad y paz necesaria para un bendecido descanso...
Amén.



































