Sin dudas, en mayor o menor medida, todas las épocas de la Banda Municipal Vicente Beltrán, han sido maravillosas, pero nosotros nos vamos a referir a la de los fines del 70 y principios del 80.

 

En aquellos tiempos, don Vicente Beltrán, el creador de la misma, ya se había retirado de la actividad diaria, por lo que una nueva etapa emergía.

Su nuevo director, Rubén "Chiche" Ferrero, compartía la docencia con Generoso Capriotti, profesor de solfeo, y Jorge Figueroa recientemente ingresado, que daba teoría.

La Banda tenía alrededor de 2 a 3 servicios por fines de semana y faltar a alguno de ellos, era solo por extrema urgencia... todos querían estar.

Además de aprender a tocar un instrumento y música, la Banda, para muchos chicos de aquel entonces, era la puerta para conocer gente y nuevos mundos.

Se viajaba a todos los festivales de la zona y hasta se llegó a Cosquín, en mas de una oportunidad, para actuar en la Plaza Prospero Molina, combinado con unos días de vacaciones.

La Banda Municipal de Cañada de Gómez, fue elegida también, para con otras de la zona, ser parte de la jornada inaugural del Mundial 78 en el estadio de Rosario Central, antes del cotejo Mexico-Tunez.

En todo acto de Cañada de Gómez estaba la banda.

Inauguraciones, festividades patrias, festejos deportivos y hasta en los mismísimos cumpleaños de don Vicente, el cual año a año era sorprendido, yendo toda la formación sea el día que sea, hasta su casa a saludarlo y dedicarle un par de temas.

A todos los servicios locales, se iba desfilando por las calles desde el propio edificio hasta el destino, ejecutando diversas marchas a paso redoblado.

Unos 100 integrantes, se desplegaban por las calles en 4 o 5 filas, ocupando mas de mitad del ancho y por un largo de unos 40 metros.

Parecía una nave. La gente salía de sus casas a aplaudir y a preguntar donde iban.

En la proa, la mejor carta de presentación... las bastoneras... bellísimas y con vestimenta acorde.

En el centro Rubén Chiche Ferrero, batuta en mano, controlando y atento a que todo salga tal cual se había ensayado. Era el alma mater del equipo, secundado por muy eficientes compañeros. Advertía y descubría la vocación con cierta antelación, del instrumento que cada músico era capaz de ejecutar. Confeccionaba todas las partituras pluma en mano como el mejor artesano. Conocía vida y obra de cada joven que ingresaba a la Banda.

Luego venía la fanfarria, conjuro de tambores y clarines, compuesto por los recientemente ingresantes y que a posterior ascenderían a otro instrumento.

Redoblantes, bombos y platillos, eran los predecesores del canto, compuesto por trompetas y clarinetes.

Luego venía el contra canto, compuesto por bombardinos, trombones y saxos, para finalizar con acompañamiento de genys y tubas. 

A un costado marchaba don Generoso Capriotti, controlando el paso bien ejecutado y otros detalles. Hombre recto, de muy poco margen de negociación, pero con un mensaje claro, había que estudiar para saber, no había otra. Pareciera hoy escuchar aún, la marcación del ritmo con el extremo opuesto de un lápiz que golpeaba sobre una mesa marrón de madera plus. Hasta que no sabias a la perfección la lección, no aprobabas. A hoy queda marcado a fuego lo aprendido. También controlaba la limpieza y el estado de los instrumentos que debían brillar como espejos.

Gracias a recibir la educación musical en la Banda, todos los integrantes cursaban con total holgura las materias relacionadas con este arte tanto en los niveles primario, secundario, aunque también terciario según la carrera elegida.

Muchos integrantes siguieron sus carreras de forma profesional, siendo destacados músicos a la fecha y/o también docentes.

La Banda también fue el inicio de familia para algunos. Allí se conocieron, se pusieron de novios y luego se casaron.

La caída del gobierno militar, fue de alguna manera, desgastando el consenso del formato de banda musical del que hablamos.

Muchas de sus características coincidían; como la obligación del uso del pelo corto, el uniforme, el uso de zapatos, el desfile, costumbres que luego cayeron en desuso.

Esto no quiere decir que decayó el nivel de músicos. Los siguientes y algunos de los anteriores, optaron y optan por aprender otro tipos de instrumentos no usados en formato banda como conocíamos, como guitarras, teclados, baterías y hasta la sobre adaptación de trompetas y saxos que actualmente se ven en varias bandas de rock y diversas orquestas.  

Muchas bandas de la zona dejaron de funcionar como tal y la de Cañada no es la excepción, al menos en forma momentánea.

La pandemia hizo que se abandonaran los ensayos por el riesgo ya conocido, pero, aún quedan en las retinas, las retretas del desierto, los festivales multitudinarios, la campaña "La Banda Llama" para construir el actual edificio, las comisiones directivas de fierro lideradas por Duilio Chiappino y Enrique Graff,  aquellos fuegos artificiales, el compromiso de la familia entera de cada músico y tantos gratísimos recuerdos, que los que fuimos parte de esa historia, daríamos lo que sea, para volver a vivirla al menos por unos minutos.