Mi amado Señor, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te amamos, impulsa a tu pueblo a amar lo que Tú pides y a

desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad.

Mi amado Señor, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde el amor de tu nombre en nuestros corazones, para que amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos tus promesas que superan todo deseo en especial un reparador descando acompañado de tu santa bendición... Amén.