Bendito seas Dios, por todas tus gracias que nunca olvide ninguno de tus beneficios.

Por los perdones sin cuenta que han caído sobre mis flaquezas y los peligros de que me has salvado.

Tú curas las llagas de todos nuestros sufrimientos, Tú nos das el anhelo de nuestra renovación.

Tú defiendes Señor, al pobre indefenso y cargas sobre tus hombros su pesado yugo.

Tus ojos no hacen asco de nuestras miserias, tus manos nos han moldeado con este barro, Señor eres grande y nadie está por encima de ti, sin embargo, vives tan junto a nosotros. .

¿ Qué somos nosotros Señor...?

Nuestros días son breves, polvo agitado por el viento y flor de día, pero Tú has hablado y has confiado tu misterio y nos has revelado todo tu amor divino.

Que el universo entero entone tu alabanza y ploclame a coro todas tus bondades... Amén.