Mi amado Señor, te doy gracias por mis brazos perfectos cuando hay tantos mutilados, por mis ojos sanos cuando hay tantos sin luz, por mi boca que habla cuando hay tantas bocas que enmudecen, por mis manos que trabajan cuando hay tantas que mendigan.

Es maravilloso Señor, tener un hogar para volver, cuando tanta gente no tiene donde ir.

Gracias Señor, porque es maravilloso sonreír, soñar, amar y vivir cuando hay tantos que lloran, otros tantos que se revuelven en pesadillas, tantos que odian y tantos que han muerto antes de nacer.

Es maravilloso mi amado Señor, sobre todo tener tan poco que pedir y tanto, tanto que agradecer.

Mi buen Señor, Samaritano inmortal, te pido muy especialmente por todas las personas que están sufriendo enfermedades en hospitales, terapias y hogares visítalos y que tu poder infinito, sea el bálsamo de sanación que tanto esperan de Ti...Amén