
Con el fallecimiento de Héctor Napo Santamaría desaparece una de las figuras más recordables del básquet cañadense y, a través de una precisa nota de Eduardo Navarro, que pudo leerse en Estrella de la Mañana el 16 de septiembre de 2017, se describe acertadamente su notable trayectoria:
«Se inició en Olimpia hasta los 16 años en básquet, estuvo dos años en Sport y luego retornó al club inicial. A los 20 años se quedó definitivamente al club «Celeste» a las órdenes del D.T. Manuel Chale en 1953.
»Se lo recuerda a “Napo” durante la inauguración del gimnasio de Olimpia de calle Mitre en el que le ganaron a Gimnasia y Esgrima, con su goleo en los encuentros zonales. Ya en Sport Club durante diez años con aquilatada experiencia y una personalidad avasalladora, tuvo destacada actuación que lo llevó a recorrer el país (…).
»La liga Nacional es lo mejor que le pudo ocurrir al básquet, decía Santamaría. Le preguntamos que le aconsejaría a la juventud, él nos respondía: - «Que aparte de ser un buen deportista sea un buen ser humano». Al requerirle cual fue su mayor satisfacción dentro del básquet, nos respondió: «Cuando mi hijo Andrés tuvo la oportunidad de viajar a la Universidad de IDAO Courdalene (EEUU)».
«Héctor «Napo» Santamaría finalizó su carrera en el básquetbol en 1968 en Sport, integró el H.T. Disciplinario de la Asociación Cañadense, formó parte de comisiones directivas, fue delegado, colaborador, etc. Su sensibilidad y sus dotes de buen amigo, contribuyen a que lo ponderemos como hombre y como jugador. De su etapa de cadete rescata figuras como Raúl Nadal y «Chochín» Sayas por la humanidad y el apoyo que le brindaron a las divisiones inferiores. Luego como jugador de primera se acuerda de «Pájaro» Venturi por la sangre que ponía en la cancha y de Manuel Chale por su capacidad y personalidad como Director Técnico».
Uno de los dirigentes de Olimpia que tuvo, hasta el día de su muerte, sensibles vivencias de la trayectoria deportiva del Club fue el memorioso Raún Perasso. El solía evocar que a inicios de 1956, se realizó la cuarta gira del primer equipo del Club, que lo llevó hasta «San Carlos de Bariloche, merced a la gestión de algunos cañadenses allí asentados como Pete Flores, Bressa y uno de los mellizos Orellano», ex jugador de Tic Tac. Según sus referencias, en esa ciudad los cañadenses pudieron triunfar en dos de los partidos disputados contra la selección de esa ciudad y empatar en el tercero que se jugó contra la misma representación, «no dilucidándose ganador por mutuo acuerdo», según consta en una revista publicada cuando Olimpia cumplió veinticinco años de existencia.
Después de que el Sport Club obtuviera en 1954 su primer título como campeón oficial de la Cañadense de Básquet, fue decisiva para la obtención de la misma distinción desde 1960 hasta 1968 la presencia de Héctor «Napo» Santamaría, quien sumó centenares de tantos. Esos inolvidables equipos que tributaran tantos triunfos deportivos al Club estaba integrado también por «Rocantro» Gutiérrez, «Pipo» López, «Negro» Moncada, «Talio Peloni», «Ruso» Varni, «Pito» Pez, Carlos y Pepe Travaglino, Antonio Caparros, Tomás Rodríguez, Luis Funez, Almeida, Balestieri, Di Tomaso y Olmos, entre otros..
Un atractivo comentario que pudo leerse el 13 de febrero de 1959 en la página de básquet de Estrella, titulado «Ellos otra vez- Olimpia y Sport juegan su chance», testimonia las expectativas que despertaba entre los aficionados locales el inminente encuentro de los tradicionales rivales cañadenses:
«2 puntos cada uno, en los dos encuentros disputados. Olimpia sin Sasso, Sport sin… realmente sería ofensivo evocar algún recuerdo, para los que han entrado a defender los colores celestes con tanta eficiencia.
»Sport con una moral nueva, distinta. Una garra y un positivismo que nadie podía soñar entre los hinchas celestes. Un Travaglino (que Estrella hizo notar en varias ocasiones como un valor privilegiado), golero y revelación. Un Gutiérrez escurridizo y peligroso. Un De Almeida oportuno y útil. Y un Ballestieri que hay que respetar por la función importante de rebotero que cumple, y que generalmente no es “vista” por quienes ven basket.
»Olimpia, con el recuerdo del baluarte Sasso, tiene, empero, que descargar la gran responsabilidad de hacer marchar al equipo en “Chochín” Sayas, el otro hombre base el conjunto campeón. Salas, suspendido también como el “Pájaro”, dejará lugar a “Motita” grande, que hará delantera con su hermano menor; y tal vez Mario D´Eramo, pasando abajo Sayas. Mientras que Orellano, ya inamovible como back titular del campeón, sigue afianzando sus grandes condiciones, adquiriendo madurez.
»En conjunto, se hallan en condiciones de ofrecer en el field de Olimpia, un encuentro similar a los dramáticos finales de la temporada anterior».
El comentario de Estrella preciso que uno de los clubes que habrían de enfrentarse, Olimpia, lo haría «disminuido por la suspensión de sus mejores valores», mientras que el otro, Sport, «por el cumplimiento del servicio militar de casi todo su elenco superior del año anterior». En la nota transcripta en parte precedentemente, llaman la atención los tres puntos suspensivos puestos luego de «Sport…». Quien esto escribe, a pesar de que nunca fue un entusiasta asistente a los partidos de básquet, infirió de inmediato que así como Sasso sería la ausencia notable en Olimpia, seguramente esos tres puntos debían llenarse con el nombre de Héctor Santamaría, el legendario Napo que jugó en ambos clubes. Y aunque resulte sorprendente, mientras redactaba los párrafos anteriores, al sentir el deseo de tomar un café en la mañana del doce de febrero de 2018 se llegó hasta el bar de la Dale Gas, donde se encontró con Santimaría, quien le aclaró que sí, que la baja de Sport había sido él, porque por una cuestión reglamentaria, por dos años podía jugar en la tercera del Club pero no en primera. Y de paso le aclaró el porqué del Napo que desde aquellos tiempos lo distinguía… Resulta que Manuel Chale había ido con unos amigos a ver en el Verdi la película Desireé, la amante de Napoleón, personaje a cargo de Marlón Brando, y que advirtió el notable parecido de la protagonista, Jean Simmons, con una novia que Santamaría tenía por entonces, cuando promediaban los años cincuenta. Ello determinó que Chale comenzara a llamarlo Napoleón, y que muy pronto quienes eran amigos suyos optaran por la comodidad del Napo, que hasta figura junto a su apellido en lugar destacado del panteón que, por las dudas, tenía preparado…
En sus años de juventud Napo se casó con Cora Santimaría, madre de sus cuatro hijos.
En la portada de Estrella del 29 de enero de 1960 se reprodujo su caricatura, dibujada por José Antonio Ramaciotti y además, en una página interior, la sucinta reseña de su admirable trayectoria deportiva que se iniciara en Olimpia:
«Sin lugar a dudas ha sido Héctor Santamaría la figura más relevante del basquetbol cañadense. Su juego tan personal y su rotundo positivismo le han valido el halago de ser considerado par la selección santafesina, campeona argentina (…).
»Héctor Santamaría basa sus éxitos en la potencialidad física principalmente. Salto impecable y tiro certero. Revotea en ambos tableros.
»Es cañadense y tiene tan sólo 23 años. Mide 1,82 y su peso es de 77 kilogramos, aproximadamente. Hizo sus primeros pasos en Olimpia. Donde recuerda haber sido en todas las divisiones siempre suplente (…) Hecho ya, fue de Olimpia a Sport en 1954, para regresar a su club de origen al año siguiente. Posteriormente regresa a los celestes nuevamente en el año 1957, donde milita.
»”Napoleón”, como se le siente llamar en la cancha, es un enamorado del básket, al que se ha dado por entero. Fue siempre un goleador empedernido y hasta parece ser a veces algo egoísta, pero es el patrón de juego que posee: el aro.
«Tiene Sport en sus filas, a la figura del básket cañadense de los últimos años».
Una figura emblemática e inolvidable de la historia de Olimpia y de Sport, y también del básquet y del deporte cañadense.




































