Mi amado Señor, sólo Tú conoces qué quiero, sólo Tú sabes qué necesito, por eso espero tranquilo en tu infinita y amorosa providencia

y sé que debo ajustarme a la paciencia y a tus tiempos, sin desesperarme y esperanzado en tu voluntad.

Porque sé que tu me amas, me darás lo mejor, por ello te entrego mi corazón y todas mis alabanzas lleguen a Ti.

Aunque mi cuerpo decaiga, mi espíritu corre hacia ti, así es la ley del amor, sin fronteras ni trabas, sin medidas y con pasión.

Mi amado Señor, tu eres mi Dios y a ti pertenece mi alma, porque tuyo soy, hazme santo Señor... Amén.