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Era una responsabilidad a cumplir, por mediados de los años 70 en Cañada de Gómez, al transitar con este medio por sus calles.

El Gori, Cerino y Lalo Bidoni entre otros, referentes en cuanto a reparación y armado de propios modelos de bicicletas para la venta, eran quienes vendían dos de los accesorios mencionados, que debías accionar en el caso del timbre al arribar a cada esquina para anunciar tu llegada y por las noches, ser divisado por los coches a la distancia, cuyas luces, reflejaban en el ojo de gato instalado en el guardabarros posterior o debajo del asiento. 

La declaración jurada que debías confeccionar al tramitar la patente de tu birodado en la Municipalidad, tenía además como requisito que conste el numero de cuadro, por lo que de no contar con esta numeración en particular, debías acudir a los antes mencionados, para que graben un registro de 3 cifras en el hierro en parte inferior y luego papel mediante, seguir con la gestión.

La avivadas y travesuras estuvieron siempre y en esta ocasión tampoco fueron la excepción.

Dado al costo, había quienes robaban las tapas de los timbres y las montaban sobre una madera redonda simulando tal elemento o quienes reemplazaban el ojo de gato con alguna que otra manija de aparador en desuso, simulando con pintura la función del mismo.

Quien contralaba que se cumplan dichos mandatos, era nada menos que Victor Marabini, Inspector de Tránsito Municipal y Bombero a la vez, de accionar muy correcto, tal es así que al acudir a una emergencia en una oportunidad, la leyenda popular dice que se hizo una multa a si mismo, luego de transitar por el llamado de la sirena, 20 metros en contramano, para llegar al cuartel ubicado en aquellos tiempos detrás de Unidad Regional X por Ballesteros.

Parece como si fuera hoy... intimidaba con su sola presencia.... apostado al lado de su Zanella Banana en Yrigoyen y Lavalle, con casco puesto, Victor se encargaba de controlar que los timbres estén y que funcionen, que también estén los ojos de gato en lugares correspondientes y sean tal lo reglamentado, además de pedirte los papeles y controlar que el numero de cuadro y patente declarada coincidan, por lo que para ello debías poner patas para arriba tu bicicleta.

De no cumplir con estos requisitos, el vehículo era cargado en un rastrojero amarillo y trasladado a la dependencia Municipal a cambio de un recibo que anunciaba el porque del retiro y la invitación a que pases a retirar tu rodado previo al pago de la multa correspondiente al día siguiente.

La aparición de los primeros ciclomotores que rápidamente se popularizaron por esos tiempos, hicieron que las bicicletas en su mayoría caigan en desuso, por lo que estos controles sufrieron el mismo derrotero. 

Agradecemos a Compra Venta San Telmo de Necochea 551, quien gentilmente nos prestó las chapas patentes para sacarles foto.

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