Mi amado Señor, que grande eres, mi vida y mi oración son inseparables, sólo cuando rezo puedo entender que cuanto me rodea, tiene un valor sagrado a tus ojos Señor.
Cuando rezo, tengo la sensación de que te dejo fuera de la existencia, o de que no valoro el mundo en el que Tú me has colocado, por eso procuro hacerme solidario con toda la realidad terrena y con su destino, siento que así lo hiciste tú Señor.
Cuando comienzo a rezar procuro que mis ojos, miren con simpatía el universo entero, contemplo lo físico y lo espiritual, la naturaleza y la gracia, las piedras en que apoyo mis pies y los ángeles que animan el mundo invisible.
Mi amado Señor, Tú has ideado y sostenido y sigues sosteniendo la creación, Tú eres su incansable corazón, déjame que proclame emocionado, Dios mío, que grande eres...Amén



































