En este último domingo del año, desde la plaza de Arequito, celebramos la Sagrada Familia, ese misterio de amor sencillo, cercano y

profundamente humano que prolonga la Navidad.

José, María y Jesús no fueron una familia idealizada, sino una familia atravesada por dificultades, miedos, contradicciones y dolor. Justamente por eso son modelo, porque en medio de todo supieron sostenerse en el amor y en la confianza en Dios.

Hoy rezamos por nuestras familias, con sus límites y fragilidades, pero también con esa fuerza silenciosa que nos dio la vida, nos enseñó a amar y a compartir.
Gracias, Señor, por nuestras familias y por invitarnos a ser parte de la gran familia de los hijos y las hijas de Dios. 🙏