Hola Jesús, buen día.
Pinta para un domingo hermoso, en este segundo domingo de Navidad, y resuena la invitación de Pablo a que podamos reconocer,

descubrir, saborear y celebrar a lo que hemos sido llamados.

¡Cuánta gloria, cuánta felicidad, cuánta luz y cuánta alegría hay en nuestro horizonte!
Un horizonte que a veces parece oscuro, difícil, en esta humanidad tan golpeada, saturada de violencia, de odio, de desigualdades, de injusticias y de sufrimientos.

Pablo insiste en que estamos llamados a vivir una experiencia maravillosa: encontrarnos con Vos y tener vida en abundancia.
Y para eso —como nos recuerda hoy nuevamente Juan— te hiciste carne.

Asumiste nuestra condición frágil, nuestra miseria, nuestra debilidad, nuestra contradicción.
Plantaste tu tienda entre nuestras tiendas, hiciste campamento con nosotros.
Te hiciste uno de nosotros, de nuestra propia realidad, para que nuestra carne sea también lugar de manifestación de Dios, lugar de tu presencia.

Cuánta dignidad hay en esta encarnación para recuperar, reconocer y descubrir en cada ser humano, en cada hermano y hermana.

Señor, en este domingo danos la gracia de no perder la alegría ni la esperanza por aquello a lo que hemos sido llamados.
Danos la gracia de mantenernos en el camino, sabiendo que estás caminando con nosotros.

Regalános la alegría íntima y profunda de sabernos hermanos tuyos, de saber que te hiciste uno de los nuestros, que compartiste lo que somos, lo que soñamos, lo que queremos y hasta lo que no podemos, para que podamos compartir tu victoria, tu divinidad y ser transformados en luz.

Renová, Señor, el deseo y las ganas de vivir plenamente este día y cada día como un regalo maravilloso.
La Vida sos Vos, como el Camino y la Verdad. 🙏