Captura de pantalla 2026-03-06 083247.jpg

Cada 8 de marzo se recuerda el Día Internacional de la Mujer. Pero esta fecha no tuvo su origen en una celebración: nació de la lucha

obrera.

A comienzos del siglo XX, mujeres trabajadoras se organizaron para reclamar algo que hoy parece simple, elemental: condiciones dignas de trabajo, salarios justos y reconocimiento de sus derechos políticos. Aquellos reclamos incomodaron al poder de su tiempo porque cuestionaban un orden social en el que la desigualdad se había naturalizado.

A lo largo de más de un siglo, esas luchas transformaron la vida de millones de mujeres, conquistando derechos a través de la resistencia y la organización colectiva: votar, estudiar, trabajar, decidir sobre sus propias vidas. Derechos que no son privilegios, sino el resultado de quienes se animaron a cuestionar lo que parecía natural.

El 8 de marzo no es una fecha más del calendario. Es un día que, en cada época, vuelve a poner en discusión los derechos como construcciones sociales que deben sostenerse, defenderse y reinventarse cuando son vulnerados.

Hoy, en este año 2026, es importante recordar a las mujeres que abrieron el camino. Pero también es necesario preguntarnos qué estamos haciendo con ese legado. Este presente nos obliga a mirarnos y reflexionar: ¿qué lugar ocupan hoy la igualdad, la justicia y la dignidad en nuestras decisiones colectivas?

Por eso, el 8 de marzo no solo es una referencia del pasado. Es, sobre todo, una interpelación al presente para pensar qué sociedad queremos construir. Porque cuando los derechos retroceden, lo que está en juego no es solo la vida de las mujeres: es la democracia misma.

Por Ana Luisa Gauchat
Frente Amplio por la Soberanía – Cañada de Gómez