
¡Sábado Santo amanece
con la tierra bien regada,
llovió manso en la madrugada
como bendición que crece!
El fresco ya se parece
a un abrazo del pampero,
se fue el calor matrero
que nos tenía sofocaos,
y andan los patios lavaos
como rancho dominguero.
La noche hizo su trabajo
sin apuro ni alboroto,
cayó el agua gota a gota
como rezando allá abajo.
El aire se vino bajo
y limpió hasta el pensamiento,
se aquietó el sol violento
que venía medio pesado,
y hoy el campo agradecido
respira otro sentimiento.
Y entre mates y la calma
mientras el día se estira,
alguno al cielo le mira
agradeciendo en el alma.
Que la lluvia siempre empalma
con la fe del paisanaje,
y en este santo paraje
donde el tiempo va despacio,
hasta el barro es un palacio
si hay descanso en el paisaje. 🌿🧉



































