
Con llovizna mansa amanece
este domingo de Pascuas,
la noche entera cantó
la lluvia sobre las chapas.
No fue tormenta bravía
ni viento de esos que asustan,
fue un guitarrear del cielo
suave, parejo y sin furia.
Sigue cayendo despacio,
como bendición del suelo,
mojando patios y calles,
refrescando campo y pueblo.
Y entre mate y reflexión,
con el aroma a tierra húmeda,
la Pascua dice bajito:
“la vida siempre madruga”.
Así que entre nube y calma,
y algún que otro bizcochito,
que llueva nomás tranquilo…
¡que hoy el día viene bendito! 🌿✨



































