
Miércoles amaneció manso,
con la lluvia de invitada,
el cielo bien encapotado
y la tierra perfumada.
No hay sol que saque la cara,
ni apuro en el trajinar,
que con 23 de máxima
dan ganas de matear.
La mínima en veinte grados,
ni frío ni pa’ tiritar,
día justo pa’ las tortas fritas
y en la cocina arrimar.
Que llueva nomás tranquilo,
que el campo lo ha de agradecer,
y yo me quedo bajo techo…
¡si hay mate, no pienso volver!



































