En este tiempo de Pascua, el mensaje del Evangelio nos invita a renovar la confianza: en la casa del Padre hay lugar para todos. No hay
excluidos, no hay puertas cerradas, no hay motivos válidos para dejar a alguien afuera.
Cuántas veces, a lo largo de la historia, se ha separado, etiquetado o juzgado… cuando en realidad la mesa está servida para todos y todas. Jesús nos muestra el camino: una Iglesia que abraza, que incluye, que sale al encuentro.
Hoy, más que nunca, se nos pide un corazón abierto, sin prejuicios ni exclusiones. En un mundo atravesado por divisiones, odios y desigualdades, el llamado es claro: reconocernos como hermanos, como hijos e hijas amados de Dios.
Que el dolor del otro nos duela, que la injusticia no nos sea indiferente, y que cada uno pueda aportar su pequeño gesto para construir un mundo más fraterno.
✨ Jesús es el camino, la verdad y la vida. En Él está el sentido de todo.



































