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Lunes de cielo limpito,
sin una nube en la estancia,
con la escarcha en vigilancia
sobre el pasto amanecido,
y un frío recién venido
que mostró toda su arrogancia.

Dos grados marcó la aurora
cuando despuntó el camino,
y hasta el mate más ladino
pidió refuerzo temprano,
porque el invierno paisano
vino firme en su destino.

Pero el sol, viejo baqueano,
fue ganando la partida,
trayendo un poco de vida
a los campos y corrales,
dejando tonos dorados
en las huellas recorridas.

Catorce será la marca
cuando avance la jornada,
temperatura apreciada
para quien anda en la vuelta,
sin calor que deje huella
ni helada descontrolada.

Así comienza la semana
entre sol, frío y esperanza,
con la calma que no cansa
de junio en nuestra región,
donde siempre el corazón
encuentra alguna bonanza.