1) Oídos: Me alienta mucho saber que Jesús nunca tomaba distancia de las personas que reconocían sus defectos, sino que no toleraba a aquellos que fingían. Eso me alienta, porque me puedo mostrar ante Dios como soy y decirle lo que me cuesta en este camino de mi sacerdocio. A Jesús no le molesta que me muestre como soy, sino que finja. El problema es con los que fingen. Jesús no toleraba a los hipócritas religiosos. Una vez que nos damos cuenta quiénes somos entonces Dios tiene alguien con quien trabajar. Acepto que no soy el cura soñado, obviamente vos tampoco el feligrés excelente. No podemos dar lo que no tenemos o no recibimos, y muchos creemos que tenemos que amar a la fuerza y la clave es comprender que, más que amar, es recibir amor. Por eso no podemos decir que amamos a Dios si maltratamos al compañero de trabajo o a la persona que nos atiende en el Mc Donald’s o al señor que nos vende el café. Imagínate qué pasa en nuestras comunidades que hay veces que liquidan al cura en las redes y hasta los dejamos solos. Las mafias tienen más códigos que nosotros. Ahí está la famosa frase: “Tocas a uno y tocas a todos”. Pero aquí no. Me ha tocado ver que basta con que alguien hable mal del ministro y hasta los compañeros curas le sueltan la mano. Hasta se sacan comunicados para despegarse del leproso o del enfermo, “No tenemos nada que ver”, en vez de decir “Ok, se equivocó, está herido, somos familia y no lo vamos a dejar solo”. Cuán difícil es construir una familia-Iglesia.
2) Frente: Uno no se enamora de quien le conviene; uno se enamora de quien elige. Uno se enamora de una persona que tiene algún rasgo que capaz ni siquiera percibís, pero que impacta en un lugar de tu inconsciente que tiene que ver con tu pasado. A lo mejor alguien que lejanamente tiene una mirada que te recuerda esa mirada de quien te contuvo cuando eras chico o chica, niño o niña. Mi psicóloga me decía: “Si vos pones de un tipo las fotos de todas las mujeres con las que salió, le vas a encontrar un parecido”. Por eso comprendí que algo tienen las personas que uno ama. Uno se enamora de un rasgo y a veces ese rasgo es hermoso, pero también es doloroso. Por eso encuentro sentido a la frase: “¿Por qué me enamoro de la persona que siempre me trata mal?” Y ahí está el trabajo de decir: “¿Por qué me enamoro de esta manera?”. Ahí está el trabajo interno, comprenderse en la dignidad que Dios te da y aprender a resistir para poder descubrirse, esto que decía san Agustín: “Encontrarme para encontrarte”.
3) Espalda: Acordate lo que dice Aristóteles: “El pensamiento condiciona la acción y la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetido crea hábitos y el hábito estructural genera el carácter”. Y te sumo algo más, “El carácter marca el destino”. Por tanto, mira para adelante y apostá por tu vida y por tus ganas de vivir, pero generando hábitos y carácter en tu manera y modo de vivir. Algo bueno está por venir.

































