Corria el año 1977, y nos enterabamos que el fotografo de la policía de aquel entonces, Enrique "Puchi" Casari había fallecido. La causa probable? a un amigo que se encontraba junto a el, se le había escapado un tiro accidentalmente limpiando su arma -al menos ese, era el comentario masivo por entonces-.

 

Pero para muchos niños de la época, fue la noticia de que había fallecido un activo profesor de Judo, gran impulsor y entusiasta de la actividad en Sport Club Cañadense y a su vez -mas consternados por la noticia-, padre de compañeros con los que forjamos una amistad en los veranos de dicha institución, en tiempos en que se creaban incluso las Vacaciones Felices.

Pasaron los años y muchos no supimos nada de sus destinos, dejando y quedando de alguna manera, una historia sin cerrar.

Buceando en las redes sociales, días pasados y al cumplirse 40 años de dicho fallecimiento, encontramos el testimonio de su compañera de vida, la Sra. Irene Schaer, el cual, reza lo siguiente:

Hoy hace 40 años, Enrique Alberto Casari, (Puchi) fue asesinado y silenciado. Fue el 18 de julio de 1977, era lunes y el primer día de vacaciones de invierno.

Nos dejó y éramos su viuda y 3 niños de 3, 9 y 11 años. Desde la foto que se ve en la que estamos la familia completa, hasta el fatídico 18 de julio pasó poco tiempo. Fué un tiempo en que Puchi vivió muy asustado. Había que llevar los niños a la escuela y había que ir a buscarlos. Antes de atender la puerta, mirar si el que golpeaba era conocido ,de lo contrario no abrir y si aún había dudas, salir por el patio.

Le tocó sacar las fotos de su amiga Fany Giordano, asesinada a balazos. Le tocó presenciar un "suicidio" y un "enfrentamiento" que armaron. Le tocó saber que se robaban las armas del depósito, y que se adulteraban los números de los motores de los coches secuestrados que luego se usaban en "operativos".

Solía decir a mi madre "Doña María si yo le contara lo que veo Ud. no dormiría nunca más". Y... un día lo mataron y lo que nos dijeron fue que a su amigo se le escapó un tiro de metralleta. Después supimos lo que era recibir amenazas, y anónimos ofreciendo venganza.

Supimos de la indiferencia de los que alguna vez fueron sus amigos. Del silencio cómplice de los que sin duda sabían la verdad.
Supimos de gente que se acercó a ayudarnos y que ni siquiera conocíamos, o que conocíamos pero de las que no esperábamos ayuda.
Supimos lo que era despertar por las noches aterrados y gritando a viva voz.
Supimos de documentos adulterados y de mentiras por conveniencia.

La familia paterna se quebró,
Y... nosotros, los que quedamos de la familia que aparece en la foto, terminamos partiendo para ya no regresar a la ciudad que debió ampararnos y nos ignoró.

Escribo una vez más porque tengo la esperanza de que alguien si es que aún queda ese alguien, se atreva a decir cómo pasó; en principio para aliviar su alma y aliviar la nuestra del tremendo dolor que significa, aceptar una muerte violenta y que consideramos injusta.

Tengo presente SIEMPRE, una frase que mi hija fue repitiendo más de una vez "Ojalá me dijeran que papá salía por las noches a matar gente, entonces entendería y podría decir es justo que lo hayan matado a él".

"Estábamos tan solos", es la frase de otro de mis hijos- que entonces tenía 9 años-, al referirse a aquella época y a los niños que ellos eran y a los niños que siguieron siendo y a las cosas que les tocó vivir.

"Ya no tiene sentido. Que arregla? Papá ya no vuelve, es tiempo perdido." la frase del más joven de mis hijos cuando hablamos de saber.

Y...como he aprendido a lo largo de mi vida, aunque parezca una barbaridad, BENDIGO EL BIEN, en lo que nos ha tocado vivir, porque no es menor y nos mantiene unidos,
FELICES? a veces.
Perdonando? a veces,
Perdonándonos ? tratando.
VIVIENDO? Siempre.