¡Qué hermoso Evangelio el de hoy!
Cuántas veces descubrimos que es en los pequeños, en los sencillos, en los frágiles, donde Dios se deja encontrar con más facilidad. En un hospital, en un
barrio humilde, en la mirada de un niño, en la sabiduría de un anciano... Allí hay una fe sencilla, una confianza profunda en un Dios que cuida, abraza, escucha y acompaña.
En cambio, nosotros, muchas veces, nos aferramos a nuestras seguridades, a nuestros conocimientos o a la ilusión de que podemos solos. Y es ahí donde el corazón se endurece y se vuelve más difícil reconocer la presencia de Dios.
Como nos enseñó el papa Francisco: si querés encontrar a Dios, acercate a los últimos, a los pequeños, a los pobres. Allí lo vas a encontrar con seguridad.
Y el Evangelio también nos regala una invitación llena de consuelo: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré."
Qué hermoso saber que podemos ir a Jesús con nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras heridas, nuestros pecados y nuestras cargas. Él no nos rechaza; nos recibe, nos abraza y nos devuelve la paz.
Pidámosle hoy un corazón pequeño, humilde y sencillo, capaz de confiar como confían los niños y de reconocer a Cristo en cada hermano.
Porque nuestro Rey no llega imponiendo su poder, sino montado en un burrito, cercano, humilde y de a pie, para enseñarnos un camino nuevo: el camino del amor, la misericordia y la sencillez.
Señor, gracias por estar siempre para nosotros. En Vos encontramos descanso, esperanza y la paz que tanto necesita nuestro corazón. Amén.

































