
Se están cumpliendo 17 años del fallecimiento del Dr. Héctor P. Tonella y sentí la necesidad de dedicarle un pequeño recuerdo.
A modo personal, puedo decir que durante muchos años fue vecino de enfrente de mi casa paterna y también quien me padeció como alumno en sus clases de Química, cuando era profesor del viejo Colegio Nacional. Más tarde coincidimos en el Sport Club Cañadense, donde, junto a toda su familia, representó al tenis de los "Celestes" y fue, durante muchísimo tiempo, sinónimo de ese deporte y un sostén indiscutido de su crecimiento.
Siempre sentí un profundo respeto por su figura, que con el paso de los años no hizo más que engrandecerse al aprender a valorar las virtudes que lo acompañaron permanentemente en cada una de sus facetas: como profesional, docente, político, dirigente y deportista.
Estoy convencido de que hombres de su estirpe son los verdaderos ejemplos de educación que una sociedad debe seguir para salir de la crisis moral que desde hace tanto tiempo padecemos. Como alguna vez dijo José Saramago: "Educar es inculcar valores". Seguramente se refería a los mismos valores que, sin dudas, acompañaron durante toda su vida al entrañable "Pichín".
Por eso quería decirle, aunque sea a la distancia del tiempo, que ha sido un gran honor y un auténtico placer haberlo conocido. Su nombre siempre estará presente cuando se hable de la excelencia, la integridad y el prestigio ético que distinguen a las grandes personalidades que enaltecieron este suelo cañadense.
Coco González

































