Hoy viajamos a los años 70, cuando la locomotora diésel amarilla y roja llegaba a Cañada de Gómez arrastrando esos inolvidables vagones marrones con techos grises. Era mucho más que un medio de transporte: era parte de la vida de todos.

Cada día unía Cañada con las localidades vecinas. Muchos lo tomaban los domingos desde Rosario para venir a "Macakos"; otros viajaban para estudiar, trabajar o atenderse con un médico. Y también estaban los que esperaban con ansiedad un paseo o las vacaciones rumbo a Rosario, Córdoba o Buenos Aires.

Pero el viaje tenía sus pequeños rituales. Apenas el tren se ponía en marcha, aparecía el señor del birrete blanco recorriendo los vagones con su carrito de acero inoxidable. ¿Quién no le compró una gaseosa Neuss bien fría con un pebete de jamón y queso? Para muchos, ese momento era tan esperado como el viaje mismo.

Mientras tanto, en la estación quedaban las imágenes del kiosco, los ferroviarios, familiares y amigos saludando, y el inconfundible movimiento de pasajeros, abrazos y despedidas. El tren no solo llevaba personas: llevaba historias, ilusiones y recuerdos que todavía siguen vivos.

💬 Ahora queremos leerte por nuestras redes...
👉 ¿Viajaste en estos trenes?
👉 ¿Venías desde Rosario a Macakos?
👉 ¿Ibas a estudiar, a trabajar o al médico?
👉 ¿Te acordás del señor del birrete blanco que vendía las Neuss y los pebetes?
👉 ¿Qué recuerdos tenés del kiosco de la estación, del cabín y de la vida ferroviaria en Cañada de Gómez?

¡Entre todos hagamos viajar la memoria! Contanos tu historia y etiquetá a quien seguramente también se acuerda de esos viajes inolvidables.