
Testimonio compartido con nuestra redacción
"Infarto.
Aproximadamente a las 5 de la mañana, sin antecedentes y llevando una vida sana, mientras descansaba junto a mi familia, me despertó un dolor muy
fuerte y extraño en el pecho. Sin querer alertar a nadie, me fui al Hospital San José de Cañada de Gómez, donde el personal de guardia me recibió de inmediato.
Tras realizarme un electrocardiograma detectaron una anomalía y me trasladaron de urgencia a Rosario. Ya dentro de la ambulancia, un poco mareado, llamé a mi esposa y a mi hija de 6 años, que aún dormían, para avisarles. Pero el protocolo de máxima urgencia no espera: primero es salvar la vida.
Lo último que escuché por teléfono fue a mi esposa diciéndome entre lágrimas: 'Esperame, esperame, esperame…', y la comunicación se cortó.
Al llegar a Rosario me esperaba un equipo médico completamente coordinado para intervenirme. Fue impresionante. Hoy puedo decir que estoy vivo. Todavía no hablé con mi hija, pero recibí miles de mensajes de profesionales, amigos, familiares e hijos de amigos.
Nadie dudó. Nadie miró para otro lado. Nadie dejó de ser profesional.
Que Dios acompañe a cada uno de esos profesionales y que se siga invirtiendo y protegiendo la salud pública."



































