El Evangelio nos propone una mirada que puede resultar desafiante: Dios no mide nuestro valor por nuestros méritos ni por cuánto creemos merecer.

 

Su amor es gratuito. No da según lo que cada uno merece, sino según lo que cada uno necesita. No calcula, no pone límites y no distingue entre quienes llegaron primero y quienes llegaron más tarde.

A veces buscamos castigos, condenas y diferencias. Pero Jesús nos muestra un camino diferente: el de la misericordia, la generosidad y el amor incondicional.

También es una invitación a mirar a quienes muchas veces quedan al margen: los jubilados, los mayores, las personas con discapacidad y tantos otros que necesitan ser escuchados y acompañados.

Aunque sintamos que llegamos tarde, siempre hay una nueva oportunidad para decirle que sí a Dios, abrirle la puerta y volver a caminar junto a Él.

🙏 “Señor, ayúdame a contagiarme de tu generosidad, de ese amor que no da por lo que el otro merece, sino por lo que necesita”.

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